sábado, 9 de junio de 2012

La tabla esmeralda



La tabla esmeralda me decepcionó en un primer momento. El primer capítulo cuenta cómo un aprendiz de pintor, Giorgione, conoce a un fraile que, por casualidad, encuentra un cilindro de piedra que, por casualidad está relacionado con un secreto que este fraile conoce. Como, por casualidad, también conoce a Lorenzo el Magnífico, pues manda al aprendiz a que le lleve el cilindro. Casualmente, Lorenzo tiene otro, y con ambos se accede, no lo vais a creer, a un secreto antiquísimo que está oculto porque la humanidad no está preparada para conocerlo. Mucha casualidad y muy tópico lo del secreto. Se ve que los antiguos eran superinteligentes y descubrieron un montón de avances increíbles que, por algún motivo decidieron ocultar en forma de clave, porque hay que ver la de libros diferentes que se sirven de ellos… Y qué lástima que, estando ellos tan avanzados, luego la humanidad fuera más ignorante de repente, cómo se estropean los cuerpos. Un día estás descubriendo un algo que revolucionaría la existencia y al siguiente estás pintando rupestremente en una cueva… ¡Qué cosas!

En fin, el caso es que Giorgione, que fue un pintor que existió realmente, propuso a Lorenzo el Magnífico recoger el secreto en un cuadro. ¿Por qué Lorenzo confió una tarea así a un aprendiz que no conocía de nada? Es más, ¿Por qué le dejó siquiera escuchar mientras hablaba del secreto? Pues son preguntas que usualmente te haces cuando tienes en las manos un libro malo.

A Dios gracias, este capítulo debía de ser de prueba, en plan “si superas estas páginas sin resoplar y hacer una hoguerita con el libro, te encontrarás después con una gran novela”. Una experiencia iniciática, o algo de eso. Casi me siento ahora de la Hermandad βπδ, pero sin haber corrido desnudo por un centro comercial abarrotado ni meterme guindillas por el… Bueno, las cosas esas que hacen los guiris en esos casos. Folklore que tienen ellos.

Total, que después del primer capítulo la cosa mejora. Muchísimo. Existe como eje central la búsqueda del cuadro, pero la novela no gira en torno a ella, sino que sirve en realidad simplemente como excusa para desarrollar una doble historia paralela, en dos tiempos, que nos cuenta las vidas de sus protagonistas. Sí, hay investigación y misterio para encontrar el gran secreto, pero sobretodo hay vidas humanas, superación, aventura, amor e intriga.

El argumento es el siguiente: de un lado, en la actualidad, el magnate y empresario Konrad Koller está interesado en hallar un cuadro perdido del famoso pintor renacentista Giorgione. Por ello le encarga a su prometida, que para eso trabaja en el Prado, que se lo busque. La tal prometida es la protagonista de la novela, Ana García-Brest. Vamos, como la Obregón pero sin ser Bióloga, escritora, guionista, poetisa, presentadora, actriz, bla, bla, bla. Simplemente Historiadora de arte. Bueno, el libro de la Obregón no ha entrado en los más vendidos, y el de la Brest sí. El caso es que las pistas conducen a nuestra Ana a un oscuro pasaje de la Segunda Guerra Mundial. Con la ayuda del profesor Arnoux, se embarcará en la búsqueda del cuadro, pero también en el descubrimiento de las vidas que se sacrificaron por custodiarlo y en el de su propia vida y el rumbo que lleva. A fin de cuentas, es lo que os contaba, no se centra en el descubrimiento de un gran secreto, sino que éste queda en segundo plano, simple excusa para todo el resto del argumento.

Del otro lado, se nos narra la historia de Sarah Bauer, una muchacha judía de Estrasburgo que, al perder a su familia a manos de los nazis, huye a Francia junto con un trabajador de su padre, Jacob, nombre muy usual desde la saga Crepúsculo, aunque en este libro suele aparecer con camiseta. Perseguidos sin embargo por un oficial nazi, Georg, encargado por el mismo Himmler, siguiendo las órdenes del Führer, de encontrar un misterioso cuadro, “El astrólogo”, pintado por Giorgione. El modo en que sus destinos se entrelazan, donde nada es lo que parece en el París ocupado, determinará sus vidas para siempre.



Ambas historias transcurren simultáneamente, al estilo de El 8, aunque personalmente este libro me ha parecido más dinámico que aquél.

La tabla esmeralda es realmente recomendable. Superando el escollo del primer capítulo, que parece una broma, encontramos una obra que nos enganchará. Adolece de varios defectos, evidentemente, el más grave de los cuales es quizá que numerosos de sus giros argumentales y tramas son predecibles. Llega un momento en que sospechas que a tal personaje le va a suceder tal cosa, y va y le sucede. No obstante, esto no es obstáculo para su lectura, pues atrapa de tal modo que da igual, deseas seguir leyendo, y más que frustrarte por haber adivinado algo, te regodeas con ello.

Acerca de la Segunda Guerra Mundial, he leído otros libros, como La llave de Sarah, El niño del pijama de rayas… Pero éste no cuenta exactamente el destino del pueblo judío o la opresión nazi, sino que se sirve de todo ello como marco para la historia. Es como la película Titanic, que no narra el hundimiento del barco, sino una historia de amor que se desarrolla en él. Comparándolo con otra película, es un poco como aquella de Melanie Griffith, Resplandor en la oscuridad, donde ella buscaba a su amado infiltrándose entre los nazis. Bueno, el libro no es así, pero me recordó la peli en el sentido que os digo: el París ocupado es el marco para la aventura, no la aventura en sí. Así que es una novela de la Segunda Guerra Mundial, pero diferente.

Otra cosa que me ha gustado es que en los capítulos de la parte antigua, la de Sarah, se emplea la tercera persona, mientras que en los actuales, los de Ana, se emplea la primera: somos Ana y a su través vamos descubriendo todo. El efecto que causa esta disensión me agrada bastante. Ayuda a separar ambas historias y distanciarlas en el tiempo, a la vez que nos acerca a Ana y nos identifica con ella como protagonista.

Los personajes están bien construidos en general, con motivaciones y personalidades definidas, lo que le da profundidad a la novela. Me gusta Teo, el vecino y amigo gay de Ana, que sale poco, pero cuando sale siempre suelta alguna frase graciosa. Me reí un montón cuando la visita en París y van en el dos caballos del doctor Arnoux. Lo que me pude reír. Tiene salidas muy buenas. Un poco estereotipado, pero le da tanta frescura a la novela, como contrapunto a la intriga y misterio, que resulta adictivo.

Por lo demás, me quedó una duda: no explica la historia por qué fue Sarah la que escapó cuando los nazis acorralaron a su familia. Ella era la segunda de tres hermanos. El pequeño era pequeño, valga la redundancia, así que era lógico que no fuera él quien el padre eligió para escapar, pero la otra hermana era mayor, y quizá este argumento basta para plantearnos el por qué no fue ella la elegida, sino Sarah. Es una laguna que me llamó la atención, simplemente.

Y otra cosa que quería estacar es que espero que hayan pagado a Carla Montero por tantas referencias a marcas como hace: Blackberry, Angry Birds, iPod, iPad… Un no parar.

Y hasta aquí llega mi análisis de este libro. Me ha gustado. La dosis adecuada de romance, con suspense y aventuras. Un toque de secretismo y sectas y muchos detalles históricos curiosos (a menudo se introducen los capítulos con una breve aclaración histórica de los hechos reales, y es interesante). Recomendable. Os doy mi permiso para que lo leáis, hacedlo.

 
-Título: La tabla esmeralda.
-Autor: Carla Montero.
-Género: Narrativa.
-Editorial: Plaza&Janés.
-Precio: 21,90€.
-Isbn: 9788401353109
-Alma: Dual, oculta y secreta. Con sabor a fondant de cacao de Java al setenta por ciento y helado de cardamomo, junto con una tableta de Chocolat Menier.


Os dejo un enlace para leer el primer capítulo, saltándonos el prólogo, ése tan malo que os he contado.



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